martes, 26 de junio de 2012

Huertas en las ventanas, en las azoteas, en los jardines...


 


Se extiende como la pólvora, en cada paseo que me doy por páginas de ecología y medioambiente descubro nuevas iniciativas empresariales o comunitarias de cultivo de hortalizas en espacios urbanos.
Como muestra el cultivo hidropónico en las ventanas: http://www.windowfarms.org/




Las granjas en los  tejados:
http://www.goodegreennyc.com/projects.html

 



Incluso colmenas en los tejados de Eiffel Park Hotel:
http://www.hotels-paris-rive-gauche.com/blog/2006/09/26/harvesting-the-honey-of-our-bees-eiffel-park-hotel/

 

Espacios verdes y ecológicos plantados entre rascacielos, fábricas y polígonos industriales, los huertos urbanos representan dentro de los núcleos urbanos una vía de contacto con la naturaleza, al mismo tiempo que aportan beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos y, en algunos casos, económicos. No es necesario para su creación y desarrollo disponer de grandes extensiones de terreno; se puede utilizar un solar que está en desuso, las azoteas de los edificios o los balcones y terrazas de la propia vivienda.

Condiciones mínimas

Cada vez un mayor número de ciudades españolas apuestan por la creación de huertos urbanos. La pionera fue Barcelona, que en 1996 puso en marcha la primera red de huertos urbanos regulados, que establece como única condición para convertirse en uno de sus usuarios ser mayor de 65 años y vivir en el distrito donde se halla el huerto. Otras ciudades han tomado como modelo el reglamento de esa primera red y han desarrollado proyectos similares. Hace apenas unos meses, arrancaban los primeros 30 huertos urbanos sostenibles de Santander, dirigidos también a jubilados. El pasado enero, el Ayuntamiento de las Palmas de Gran Canaria presentaba su proyecto de huertos urbanos, mientras que el de Albacete anunciaba la creación de una treintena de ellos. Pero esta iniciativa no se destina en exclusiva a los jubilados; muchas escuelas han comenzado a implantar estos huertos promovidos por asociaciones de padres de alumnos.
El acceso a los huertos urbanos se realiza por sorteo, previa inscripción de los interesados en una lista de espera. Los afortunados tienen derecho a cultivar en la parcela que se le ha asignado durante un período determinado de años siempre que se comprometan a cumplir una serie de normas. Por ejemplo, cada titular debe hacer frente de los gastos de sus propias semillas y plantas y, en algunos huertos, también pagan una parte del agua de riego. Se comprometen a destinar su cosecha al autoconsumo, a no instalar ni casetas, ni porches, ni jaulas para animales en el huerto y a respetar las parcelas vecinas. A cambio, disponen de las herramientas que les facilita la propia entidad que promueve el huerto y de la orientación técnica de sus responsables.
La filosofía que rige el funcionamiento de los huertos urbanos es la de la agricultura ecológica planteada como una actividad lúdico-educativa en la que el objetivo no es conseguir la mejor cosecha, sino conocer la naturaleza y practicar una agricultura respetuosa desde el punto de vista  ambiental.

También en los balcones 

El espacio reducido de las ciudades para acoger huertos ha contribuido a que los balcones y las azoteas de las viviendas se conviertan en lugares idóneos para su desarrollo. Y aunque se aprecian grandes diferencias entre unos y otros, estos espacios contribuyen a mitigar el efecto isla de calor urbano.
En 2001, Tokio aprobó una norma que exigía que los nuevos edificios privados con una cubierta de más de mil metros cuadrados cubrieran, al menos, el 20% de su superficie con huertos. Alemania cuenta con más de trece millones de metros cuadrados de azoteas verdes y otros países donde se promueve este tipo de huertos son Gran Bretaña, Hungría, Holanda, Suecia y Estados Unidos. Más cerca, en Barcelona, la concejalía de Medio Ambiente lanzó con la fundación Terra una campaña para crear huertos en balcones y terrazas, así como cursos de horticultura en diferentes centros cívicos de la ciudad.
Respecto a los cuidados que precisan estos huertos, algunos expertos aseguran que es más difícil mantener un huerto en el balcón que en la tierra. La exposición al viento es mayor y es necesario estar muy pendiente de las necesidades hídricas de las plantas. En el suelo, las raíces de las plantas encuentran recursos para lograr nutrientes, sin embargo, en una bandeja o una maceta las raíces no pueden llegar muy lejos, por lo que es importante garantizar que la tierra esté nutrida.
Ante estos posibles inconvenientes se recomienda que el lugar seleccionado para sembrar las plantas cuente al menos con cinco horas de sol diarias, que esté protegido del viento y que se vigile a menudo la humedad de las plantas, ya que en un recipiente pequeño es más fácil que la tierra se seque.

Beneficios sociales y educación ambiental

Son muchos los expertos que coinciden en subrayar los beneficios terapéuticos y sociales de la horticultura. Por esta razón, en numerosos huertos se dispone de parcelas reservadas para pacientes neurológicos o con algún tipo de discapacidad, y para jóvenes y adultos en riesgo de exclusión social. Además, en el caso de los jubilados, los cuidados en el huerto les proporcionan la satisfacción de sentirse y ayudan a evitar depresiones.
Pero las bondades de estos espacios ecológicos urbanos no finalizan aquí. Los huertos son una forma de educación ambiental y nutricional. De ahí que los ayuntamientos concierten cada año un mayor número de visitas con diferentes colegios para que los alumnos disfruten de la oportunidad de observar cómo se cultiva una lechuga. Por otro lado, el hecho de fomentar el cultivo para el autoconsumo, aunque sólo se trate de un par de hortalizas al mes, aporta una nueva perspectiva sobre la seguridad de los alimentos, el uso de productos químicos y el cuidado de la tierra.
Por otro lado, esta actividad fomenta la conciencia del reciclaje de los residuos (el abono que se usa se elabora con los residuos orgánicos), de la conservación de los espacios comunes y la convivencia. Al fin y al cabo, entre todos los usuarios deben mantener cuidado el huerto, respetar las instalaciones comunes y compartir las salidas de agua.

CÓMO CONSTRUIR UN HUERTO EN EL BALCÓN DE CASA

Elegir un lugar que reciba entre cinco y seis horas de sol diarias. Según la orientación, esas horas de sol pueden variar a lo largo del año, lo que determinará el tipo de plantas y hortalizas a cultivar.
Evitar las zonas con viento o instalar algún tipo de protección para el buen mantenimiento de las plantas (redes, vallas protectoras...).
Disponer de una toma o depósito de agua cerca para regar.
Realizar algún curso de horticultura. Las tiendas de venta de semillas y muchas páginas web son buenos lugares para iniciarse en esta actividad.
Comenzar por plantar los vegetales propios de la época: rábanos o lechugas, que se cosechan en poco tiempo, o el mastuerzo (similar al berro), cuyas semillas germinan muy rápido y necesitan poco sol.
Aunque estos pequeños huertos son más controlables, no están a salvo de insectos. Hay plantas que pueden ayudar al equilibrio: la capuchina repele el pulgón y las plantas aromáticas como la lavanda, el tomillo o la salvia ayudan a que hongos, arañas y pulgones no aparezcan.



Fotos de las mismas webs a las que aludo.
Fuente del texto a propósito de los huertos urbanos: http://www.probicosl.com/index.php

jueves, 21 de junio de 2012

jueves, 7 de junio de 2012

Semana verde de Silleda del 14 al 17 de junio

ESTAREMOS EN SILLEDA,
EN LA FERIA INTERNACIONAL SEMANA VERDE DE GALICIA.
¡¡¡OS INVITAMOS A CONOCER LAS MESAS DE CULTIVO QUE DISTRIBUIMOS !!!


EN LA SEMANA VERDE TAMBIÉN PODEIS ENCONTRAR TODAS ESTAS ACTIVIDADES:
http://www.semanaverde.es/2012/index.php?option=com_content&view=article&id=124&Itemid=131&lang=es

jueves, 24 de mayo de 2012

NUESTRA MESA DE CULTIVO



La montamos y llenamos con drenaje, tierra y una última capa de compost el 24 de Abril.                                                       




¡¡Y MIRAD CÓMO SE ESTÁN PONIENDO LAS LECHUGUITAS!!

viernes, 18 de mayo de 2012

Más alternativas al césped


En esta entrada quiero insistir en la necesidad de encontrar alternativas al césped en nuestros jardines.
En esta foto podeis ver un jardín en el que hemos cubierto el suelo con corteza de pino, nosotros preferimos ésto a la grava porque tiene menos impacto ambiental...¿ a qué resulta bonito?

jueves, 3 de mayo de 2012

ALTERNATIVAS AL CÉSPED


Aunque nos pueda parecer igual, no es lo mismo un césped que una pradera. El césped es una mezcla de gramíneas de diferentes familias compuesta por una variedad de dos a cinco tipos de ellas. Mientras que la pradera es una mezcla de hierbas florales con una o a lo sumo dos gramíneas.

Si nos fijamos en la naturaleza, y observamos las praderas que de manera espontánea nacen en cada zona y región de la Península Ibérica, veremos que no existe una pradera sin hierbas florales en ninguna zona climática que escojamos dentro de nuestra variada climatología.


                                  Césped en el jardín: un error


Desde hace ya muchos años, en los jardines de viviendas unifamiliares, tanto adosadas como independientes, así como públicos, caemos en el error de no elegir praderas sino céspedes. Pero es lógico, dado que las referencias a seguir para formar un prado verde, sólo las tenemos en los campos deportivos de fútbol y en zonas verdes públicas.
Así, la mayoría quieren que su jardín tenga un tapiz de una corta selección de gramíneas, cuanto más parecido al que luce un estadio de fútbol, mejor. Sin caer en la cuenta de que esa mezcla, especialmente creada para un campo deportivo, no se encuentra por ningún lado en la naturaleza, que los cuidados de mantenimiento que se dan en un campo deportivo son innumerables, así como sus riegos y siegas.

                                     Aspecto más salvaje

Lo más acertado es recurrir a las praderas, ya que naturalizan nuestro jardín, y le confieren un carácter mas silvestre y elegante. Dejando aparte lo estético, la pradera es más sencilla de cuidar, y lo que es más importante de todo, exige mucha menos cantidad de agua, elemento tan valioso en nuestros días.

bosque

 

  

                                    Flores a todo color

La pradera vive las cuatro estaciones del año, algo que no hace el césped; nos lo encontramos igual, visualmente, tanto en verano como en invierno. La pradera, por el contrario, en primavera experimenta una explosión de color y flores, en verano es una variada mezcla de verdes que en otoño reverdean más aún, y en invierno se duermen bajo un color más pardo. Los colores y tonos dependen también de la zona de la Península en la que nos encontremos.

Este color pardo, resulta siempre muy bello, puesto que lo natural es que una pradera, como todos los vegetales, tenga su ciclo de vida. ¿Os imagináis un invierno a la misma temperatura que un verano?


                                Completa todo el ciclo anual

 

Una pradera que no cambia su aspecto en ninguna estación es lo más parecido a una planta artificial. Lo mas bello de los seres vivos es su capacidad de crecimiento, cambio y reproducción. Si congelamos los ciclos naturales, perdemos gran parte de la belleza de un prado, perdemos su naturalidad.
La pradera consume diez veces menos de agua que un césped. Mientras que éste necesita 30 minutos de riego, distribuidos en dos veces al día; la pradera sólo necesita de 3 a 5 minutos una vez al día. La diferencia de consumo es tan grande como la estética, ya que las flores silvestres necesitan muy poco consumo de agua, menor frecuencia de corte, atraen las mariposas y facilitan la polinización de otras especies vegetales. Al sembrar una pradera estás ayudando a preservar ciertas especies que están siendo casi erradicadas de su hábitat natural por causa del desarrollo urbano.


                                     Plantación en otoño

La mejor época para sembrar una pradera es de septiembre a noviembre, siendo el mes óptimo octubre. Secundariamente se puede hacer en primavera, pero sólo en los meses de marzo y abril, aunque, si es posible, lo realizaremos siempre en otoño.
La pradera constituye una manera ideal de contar en nuestro jardín con un manto verde, que, al contrario que el césped, está vivo y en constante evolución, siguiendo los ritmos naturales de los cambios de estaciones.


Este es un texto de un paisajista que tiene una visión de la jardinería muy cercana a la nuestra, se llama Juan Luis Ruiz de Dyezma:


 Gracias al Sr. Juan Luis de Dyezma por su trabajo.

Algunas de las fotos de florecillas de prado son de mi hija Sabela, así que gracias también a ella por su aportación.