miércoles, 8 de agosto de 2012

LAS BUENAS MALAS HIERBAS

Las llamadas malas hierbas sirven para alejar parásitos y plagas, fijar el suelo agrícola o combatir la contaminación
Algunas son tan conocidas como el bledo, la colleja o la caléndula. Su persecución histórica ha provocado que muchas de ellas se encuentren en la actualidad en peligro de extinción. La lista negra de las malas hierbas aglutina a unas 300 en España, pero sólo alrededor de una decena pueden catalogarse como realmente perjudiciales para los ecosistemas agrícolas.

Sin dejar de lado esta realidad, la ciencia relativamente moderna de la malherbología intenta descifrar los beneficios que poseen estas plantas y conducir su uso en agricultura, jardinería, farmacia o, incluso, en el ámbito de la genética. La comunidad científica se ha visto obligada a aunar criterios sobre qué se considera una mala hierba.
Existen unas 250.000 especies vegetales en el Planeta, y aproximadamente unas 7.500 son hierbas. ¿Cuáles han merecido el calificativo de malas? A grandes rasgos, los botánicos han identificado varios atributos ecológicos comunes como el hábito herbáceo, el rápido crecimiento, la forma vital predominantemente anual y una elevada capacidad de producción y dispersión de semillas. No obstante, la amplitud en la definición ha provocado que todas las hierbas de fácil y rápida proliferación sean señaladas como malas hierbas y, por tanto, indeseadas, arrancadas o atacadas con herbicidas.
Pero algunas son más eficientes de lo que se cree. Las malas hierbas tienen utilidades por su extraordinaria capacidad de supervivencia, diseminación y colonización de medios alterados. Así, pueden interferir positivamente con las especies manejadas, a través de procesos como el aumento de la fertilidad del suelo, y pueden usarse, además, para luchar contra la erosión en taludes o para recuperar suelos abandonados. Se está percibiendo que el mantenimiento de una cubierta vegetal de malas hierbas reduce drásticamente la pérdida de suelo en el olivar gramíneas como el vallico ('Lolium rigidum'), la cebada ratonera ('Hordeum murinum') y la avena loca o 'Avena sterilis', cuyas poblaciones se mantienen en el cultivo durante la época de lluvias.

Otra utilidad de esta comunidad de plantas radica en la recuperación de suelos contaminados. Algunas son capaces de acumular en sus tejidos cantidades elevadas de metales pesados, como el cinc, el plomo, el manganeso o el cobre, que pueden encontrarse en los suelos a partir de residuos de la actividad industrial o minera. «Mediante su cultivo en suelos contaminados en posible extraer varias decenas de kilogramos de metales pesados por hectárea», asegura Bastida. Algunas de las más eficaces como bioacumuladores de metales pesados son cierto tipo de jaramago ('Hirschfeldia incana'), el carraspique alpino ('Thlaspi caerulescens') o la acedera ('Rumex acetosa').

Otra ventaja de las malas hierbas es que atraen a insectos que, de alguna forma, atacan a aquellos otros que causan daños a las especies agrícolas. En muchos casos, la presencia de bandas de vegetación silvestre en los márgenes de los cultivos resulta favorable dado que sirven como fuente de polen y néctar para los adultos de insectos cuyas larvas son depredadoras o parásitas de insectos plaga. Así, se pueden disminuir los daños ocasionados por éstas en el propio cultivo.
Por ejemplo, las larvas de dípteros (moscas) son depredadoras de pulgones y las larvas de himenópteros, como las avispas, parasitan cochinillas, que pueden ser plagas de cultivos. En ambos casos, los insectos 'beneficiosos' son atraídos por el néctar de malas hierbas como el ranúnculo ('Ranunculus arvensis'), la mostaza blanca ('Sinapis alba') o la hierba de Santiago ('Senecio jacobea').

También resulta eficaz su uso en farmacia. A pesar de que son tan sólo un mero 3% del cuarto de millón de especies de plantas en el mundo, conforman más de un tercio de las plantas utilizadas en la elaboración de productos farmacológicos. Es el caso de la adormidera ('Papaver somniferum'), una especie de amapola de donde se extrae la morfina, o de la vinca ('Vinca defformis L.'), de donde se extrae la vinblastina, muy útil para el tratamiento del cáncer dado que tiene componentes que inhiben el crecimiento de las células cancerosas.

Aún más allá, las poblaciones de malas hierbas constituyen recursos genéticos valiosos para la mejora de los cultivos. Pueden presentar genes favorables para las plantas cultivadas, como por ejemplo los de resistencia a una enfermedad o de tolerancia a la sequía. Estas secuencias pueden ser incorporadas a las plantas cultivadas mediante programas de cruzamiento.

Pese a lo peyorativo del lenguaje, conforme avanza la Malherbología estas plantas se desprenden de la mala fama que les atribuye el sector agrícola. Incluso en algunos países, como los escandinavos y Alemania, llevan a cabo estrategias para intentar preservar en los márgenes de los campos de cultivo las malas hierbas endémicas que se encuentran en estado crítico de conservación. De ser perseguidas a lo largo de la historia pasan, ahora, a ser protegidas. Estamos asumiendo que muchas de ellas son, sencillamente, buenas malas hierbas.

Este es un artículo que escribió Erika López...yo lo he adaptado a mi blog.

Aquí os dejo un enlace a un video de un agricultor industrial reconvertido en defensor de las mal llamadas "malas hierbas" , su nombre es Josep Pàmies...acabo de descubrirlo y me ha encantado, ¡Qué disfrutéis!

http://www.youtube.com/watch?v=7QpBzHsyrKo 

martes, 26 de junio de 2012

Huertas en las ventanas, en las azoteas, en los jardines...


 


Se extiende como la pólvora, en cada paseo que me doy por páginas de ecología y medioambiente descubro nuevas iniciativas empresariales o comunitarias de cultivo de hortalizas en espacios urbanos.
Como muestra el cultivo hidropónico en las ventanas: http://www.windowfarms.org/




Las granjas en los  tejados:
http://www.goodegreennyc.com/projects.html

 



Incluso colmenas en los tejados de Eiffel Park Hotel:
http://www.hotels-paris-rive-gauche.com/blog/2006/09/26/harvesting-the-honey-of-our-bees-eiffel-park-hotel/

 

Espacios verdes y ecológicos plantados entre rascacielos, fábricas y polígonos industriales, los huertos urbanos representan dentro de los núcleos urbanos una vía de contacto con la naturaleza, al mismo tiempo que aportan beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos y, en algunos casos, económicos. No es necesario para su creación y desarrollo disponer de grandes extensiones de terreno; se puede utilizar un solar que está en desuso, las azoteas de los edificios o los balcones y terrazas de la propia vivienda.

Condiciones mínimas

Cada vez un mayor número de ciudades españolas apuestan por la creación de huertos urbanos. La pionera fue Barcelona, que en 1996 puso en marcha la primera red de huertos urbanos regulados, que establece como única condición para convertirse en uno de sus usuarios ser mayor de 65 años y vivir en el distrito donde se halla el huerto. Otras ciudades han tomado como modelo el reglamento de esa primera red y han desarrollado proyectos similares. Hace apenas unos meses, arrancaban los primeros 30 huertos urbanos sostenibles de Santander, dirigidos también a jubilados. El pasado enero, el Ayuntamiento de las Palmas de Gran Canaria presentaba su proyecto de huertos urbanos, mientras que el de Albacete anunciaba la creación de una treintena de ellos. Pero esta iniciativa no se destina en exclusiva a los jubilados; muchas escuelas han comenzado a implantar estos huertos promovidos por asociaciones de padres de alumnos.
El acceso a los huertos urbanos se realiza por sorteo, previa inscripción de los interesados en una lista de espera. Los afortunados tienen derecho a cultivar en la parcela que se le ha asignado durante un período determinado de años siempre que se comprometan a cumplir una serie de normas. Por ejemplo, cada titular debe hacer frente de los gastos de sus propias semillas y plantas y, en algunos huertos, también pagan una parte del agua de riego. Se comprometen a destinar su cosecha al autoconsumo, a no instalar ni casetas, ni porches, ni jaulas para animales en el huerto y a respetar las parcelas vecinas. A cambio, disponen de las herramientas que les facilita la propia entidad que promueve el huerto y de la orientación técnica de sus responsables.
La filosofía que rige el funcionamiento de los huertos urbanos es la de la agricultura ecológica planteada como una actividad lúdico-educativa en la que el objetivo no es conseguir la mejor cosecha, sino conocer la naturaleza y practicar una agricultura respetuosa desde el punto de vista  ambiental.

También en los balcones 

El espacio reducido de las ciudades para acoger huertos ha contribuido a que los balcones y las azoteas de las viviendas se conviertan en lugares idóneos para su desarrollo. Y aunque se aprecian grandes diferencias entre unos y otros, estos espacios contribuyen a mitigar el efecto isla de calor urbano.
En 2001, Tokio aprobó una norma que exigía que los nuevos edificios privados con una cubierta de más de mil metros cuadrados cubrieran, al menos, el 20% de su superficie con huertos. Alemania cuenta con más de trece millones de metros cuadrados de azoteas verdes y otros países donde se promueve este tipo de huertos son Gran Bretaña, Hungría, Holanda, Suecia y Estados Unidos. Más cerca, en Barcelona, la concejalía de Medio Ambiente lanzó con la fundación Terra una campaña para crear huertos en balcones y terrazas, así como cursos de horticultura en diferentes centros cívicos de la ciudad.
Respecto a los cuidados que precisan estos huertos, algunos expertos aseguran que es más difícil mantener un huerto en el balcón que en la tierra. La exposición al viento es mayor y es necesario estar muy pendiente de las necesidades hídricas de las plantas. En el suelo, las raíces de las plantas encuentran recursos para lograr nutrientes, sin embargo, en una bandeja o una maceta las raíces no pueden llegar muy lejos, por lo que es importante garantizar que la tierra esté nutrida.
Ante estos posibles inconvenientes se recomienda que el lugar seleccionado para sembrar las plantas cuente al menos con cinco horas de sol diarias, que esté protegido del viento y que se vigile a menudo la humedad de las plantas, ya que en un recipiente pequeño es más fácil que la tierra se seque.

Beneficios sociales y educación ambiental

Son muchos los expertos que coinciden en subrayar los beneficios terapéuticos y sociales de la horticultura. Por esta razón, en numerosos huertos se dispone de parcelas reservadas para pacientes neurológicos o con algún tipo de discapacidad, y para jóvenes y adultos en riesgo de exclusión social. Además, en el caso de los jubilados, los cuidados en el huerto les proporcionan la satisfacción de sentirse y ayudan a evitar depresiones.
Pero las bondades de estos espacios ecológicos urbanos no finalizan aquí. Los huertos son una forma de educación ambiental y nutricional. De ahí que los ayuntamientos concierten cada año un mayor número de visitas con diferentes colegios para que los alumnos disfruten de la oportunidad de observar cómo se cultiva una lechuga. Por otro lado, el hecho de fomentar el cultivo para el autoconsumo, aunque sólo se trate de un par de hortalizas al mes, aporta una nueva perspectiva sobre la seguridad de los alimentos, el uso de productos químicos y el cuidado de la tierra.
Por otro lado, esta actividad fomenta la conciencia del reciclaje de los residuos (el abono que se usa se elabora con los residuos orgánicos), de la conservación de los espacios comunes y la convivencia. Al fin y al cabo, entre todos los usuarios deben mantener cuidado el huerto, respetar las instalaciones comunes y compartir las salidas de agua.

CÓMO CONSTRUIR UN HUERTO EN EL BALCÓN DE CASA

Elegir un lugar que reciba entre cinco y seis horas de sol diarias. Según la orientación, esas horas de sol pueden variar a lo largo del año, lo que determinará el tipo de plantas y hortalizas a cultivar.
Evitar las zonas con viento o instalar algún tipo de protección para el buen mantenimiento de las plantas (redes, vallas protectoras...).
Disponer de una toma o depósito de agua cerca para regar.
Realizar algún curso de horticultura. Las tiendas de venta de semillas y muchas páginas web son buenos lugares para iniciarse en esta actividad.
Comenzar por plantar los vegetales propios de la época: rábanos o lechugas, que se cosechan en poco tiempo, o el mastuerzo (similar al berro), cuyas semillas germinan muy rápido y necesitan poco sol.
Aunque estos pequeños huertos son más controlables, no están a salvo de insectos. Hay plantas que pueden ayudar al equilibrio: la capuchina repele el pulgón y las plantas aromáticas como la lavanda, el tomillo o la salvia ayudan a que hongos, arañas y pulgones no aparezcan.



Fotos de las mismas webs a las que aludo.
Fuente del texto a propósito de los huertos urbanos: http://www.probicosl.com/index.php

jueves, 21 de junio de 2012

jueves, 7 de junio de 2012

Semana verde de Silleda del 14 al 17 de junio

ESTAREMOS EN SILLEDA,
EN LA FERIA INTERNACIONAL SEMANA VERDE DE GALICIA.
¡¡¡OS INVITAMOS A CONOCER LAS MESAS DE CULTIVO QUE DISTRIBUIMOS !!!


EN LA SEMANA VERDE TAMBIÉN PODEIS ENCONTRAR TODAS ESTAS ACTIVIDADES:
http://www.semanaverde.es/2012/index.php?option=com_content&view=article&id=124&Itemid=131&lang=es

jueves, 24 de mayo de 2012

NUESTRA MESA DE CULTIVO



La montamos y llenamos con drenaje, tierra y una última capa de compost el 24 de Abril.                                                       




¡¡Y MIRAD CÓMO SE ESTÁN PONIENDO LAS LECHUGUITAS!!

viernes, 18 de mayo de 2012

Más alternativas al césped


En esta entrada quiero insistir en la necesidad de encontrar alternativas al césped en nuestros jardines.
En esta foto podeis ver un jardín en el que hemos cubierto el suelo con corteza de pino, nosotros preferimos ésto a la grava porque tiene menos impacto ambiental...¿ a qué resulta bonito?